miércoles, 15 de julio de 2009

Cobertura Lo Mejor de Godard! N°20: Día 6

Crítica: Cazador de Hombres

Después de leer la sinopsis de Cazador de Hombres, me sentí más que animada por verla, no solo por haber sido escrita y dirigida por Michael Mann, autor de obras tan recomendables como Fuego contra Fuego, Colateral y El Informante, sino por otra razón -la más importante tal vez- que es mi atracción hacia toda historia en la que aparezca Hannibal Lecter, aunque a veces haya tenido que pagar caro mi fascinación (Hannibal: Rising).

Basada en la segunda novela de Thomas Harris, “El Dragón Rojo”, presenta por primera vez al asesino en serie Hannibal Lecter (Lecktor en la película), sin embargo, se concentra en los personajes Will Graham y Francis Dolarhyde. Graham es sacado del retiro por el FBI para ayudar a rastrear a un asesino en serie conocido como Tooth Fairy (Hada de los dientes) ya que mordía a sus víctimas y su dentadura resultaba extraña. Graham se retiró después de casi ser asesinado por Hannibal Lecter, quien, subsecuentemente, fue capturado en el proceso. Graham busca ayuda de Lecter para atrapar al asesino. Sin embargo, descubre que Lecter lo está manipulando a él y al hombre que está tratando de aprehender.

Michael Mann nos trasmite a través de la música, los colores y la voz en off de Will Graham, aquellos límites tan imperceptibles entre la cordura y la psicopatía que habitan en la mente de un hombre, el perturbado mundo que existe tanto en el ególatra Dr. Lecktor, en el depravado asesino serial el cual se investiga o del atormentado investigador policial. Debo ser honesta y afirmar que esperaba más en el papel de Francis Dolarhyde, asesino en serie, traumatizado por los horrores vividos durante su infancia. La relación de éste y Reba se deja de lado en la película resultando por momentos pobre e inconexa.


Punto aparte para hablar del Doctor Lecktor. Lo primero que sorprende y atrae es su conocimiento, su inteligencia, pero más que eso es su dominio del saber. Se jacta de tener “buen gusto”, además de ser cortés y educado. Brian Cox es espectacular en el papel, tanto que tenía previsto el rodaje de El silencio de los inocentes, sin embargo, por cosas del destino, el papel del psiquiatra caníbal cayó en manos de Anthony Hopkins, un grande que supo hacer suyo el papel, del cual muchos creemos (me incluyo) es el mejor.

En resumen, una muy buena película, llena de una atmósfera perturbadora, tensa, con excelente narración. Una película que no hay que incluirla en la saga de Hannibal Lecter porque, de por sí, es ya toda un historia. (Pamela Caballero)

* * *

Crónica

Con frío y resfrío llego al Centro Cultural de España. A pesar de estar media hora antes del inicio de la primera película, la cola ya era notoria y es que por nada del mundo los espectadores se querían perder Estos son los Malditos de Joseph Losey. El tiempo transcurría y más gente se iba dando encuentro fuera del Centro Cultural, sin importar que el invierno se sintiera en la piel y la humedad en el aire, acompañados por el típico cielo gris de Lima. Restaban ya diez minutos para el encuentro con Losey.

La sala se fue llenando sobre todo en la parte del centro y adelante, tal vez para no perderse de ningún detalle. Mientras una de las promotoras godard! narraba la sinopsis, el público esperaba ansioso que se apaguen las luces y así fue. El viaje a 1963 había empezado.

Con la música de fondo de James Bernard, “Black Leather Rock”, la película enganchó al público y fue así hasta el final. El norteamericano Simon Wells, la impactante Joan y el conflictivo King fueron algunos de los diversos personajes que de alguna manera cautivaron a los espectadores. Al finalizar, muchas de las personas no querían salir a volver a hacer cola para no perder su asiento para la función de fondo, que fue un lleno casi total: Cazador de Hombres (Manhunter, 1986) de Michael Mann, que contó con una pequeña introducción de Claudio Cordero, codirector de la revista.

Se apreciaban rostros atentos de personas que callaban a cualquiera que hiciera ruido, disfrutando la película hasta el final, incluso cuando aparecían los créditos. Inevitable no escuchar por ahí las comparaciones con El Silencio de los Inocentes al finalizar la película, pero, sobre todo, a un público muy satisfecho luego de haber visto a dos grandes directores. (Pamela Caballero)